Lo que importa
Los cinco arrepentimientos antes de morir y lo que podemos hacer hoy
Bronnie Ware trabajó durante años como cuidadora de personas en sus últimas semanas de vida, en Australia. Escuchaba lo que le contaban, y empezó a notar que muchas conversaciones acababan en el mismo sitio: lo que habrían hecho de otra manera. En 2009 lo escribió en un blog que acabó dando la vuelta al mundo y, más tarde, en un libro, Los cinco mandamientos para tener una vida plena, publicado en inglés como The Top Five Regrets of the Dying.
No es un estudio científico: es la experiencia de una persona que escuchó mucho. Pero lo que cuenta coincide sorprendentemente bien con lo que la psicología ha encontrado sobre el arrepentimiento. Y deja una pregunta incómoda y útil: ¿qué puedo hacer hoy para no lamentarlo después?
Los cinco arrepentimientos más comunes
Según Ware, estos fueron los que más escuchó:
- «Ojalá hubiera tenido el valor de vivir como yo quería, y no como los demás esperaban de mí».
- «Ojalá no hubiera trabajado tanto». Lo decían sobre todo hombres que se habían perdido la infancia de sus hijos.
- «Ojalá hubiera tenido el valor de expresar lo que sentía». Muchas personas habían callado para no crear conflictos.
- «Ojalá hubiera seguido en contacto con mis amigos». Amistades que se fueron apagando sin que nadie lo decidiera.
- «Ojalá me hubiera permitido ser más feliz». Darse cuenta tarde de que la felicidad también era una elección.
Fíjate en el tercero y el cuarto. No hablan de grandes decisiones, sino de palabras que no se dijeron y de llamadas que no se hicieron.
Lo que dice la investigación sobre el arrepentimiento
La psicología lleva décadas estudiando de qué nos arrepentimos y por qué. Dos ideas encajan con lo que contaba Ware.
Lo que no hicimos pesa más con el tiempo
Los psicólogos Thomas Gilovich y Victoria Medvec publicaron en 1995 una revisión muy citada sobre cómo cambia el arrepentimiento con los años. Su conclusión: a corto plazo nos arrepentimos más de lo que hicimos, pero a largo plazo nos pesan más las cosas que no hicimos. Con el tiempo racionalizamos nuestros errores («al menos aprendí algo»), pero las oportunidades perdidas se quedan abiertas, porque nunca sabremos qué habría pasado.
Lo que más duele es no haber sido quien queríamos ser
En 2018, Gilovich y Shai Davidai pidieron a cientos de personas que describieran sus mayores arrepentimientos. La mayoría tenía que ver con su «yo ideal»: la persona que les habría gustado ser y no llegaron a ser, más que con las obligaciones que no cumplieron. Las obligaciones se resuelven antes; los sueños aplazados se quedan esperando.
Decir lo que sientes encaja justo ahí. Casi todo el mundo quiere ser alguien que dice a los suyos que los quiere. Y casi todo el mundo lo aplaza.
Por qué callamos lo que sentimos
Si tanto lo lamentamos después, ¿por qué no lo decimos antes? Algunas razones que se repiten:
- Pensamos que ya lo saben. Y no siempre es así. Lo explicamos en por qué nos cuesta tanto decir te quiero.
- Tememos la reacción. Los estudios muestran que solemos exagerar lo incómodo que va a resultar.
- Queremos evitar conflictos. Ware lo escuchó muchas veces: personas que se callaron durante años para mantener la paz.
- Creemos que habrá otro momento. Y el momento se va moviendo hacia delante, como el horizonte.
Gestos pequeños para no dejar nada sin decir
No hace falta cambiar de vida para empezar. Estas ideas caben en una semana normal:
- Una llamada sin motivo. A esa amiga con la que hace meses que no hablas. Solo para preguntar cómo está.
- Un gracias concreto. A tu madre, a un profesor, a un compañero. Por algo que hicieron y que nunca les agradeciste.
- Una disculpa pendiente. Si hay alguien con quien las cosas quedaron mal, da el primer paso. En cómo pedir perdón a alguien que quieres tienes una guía.
- Un «te quiero» al despedirte. Al colgar el teléfono, al salir de casa. La primera vez cuesta; luego se vuelve costumbre.
- Una tarde con tus mayores. Pregúntales por su vida y escucha. Si puedes, graba su voz.
- Una carta para más adelante. Para tus hijos, para tu pareja, para una fecha que importa. Algo que llegue aunque tú no estés para decirlo en ese momento.
Lo que se puede dejar preparado
Una de las cosas que más tranquilidad da es saber que lo importante está dicho. Algunas personas lo hacen poco a poco, en vida, y otras prefieren dejar también unas palabras para después: una carta para cada hijo, un mensaje con su voz, un álbum con las fotos que más les importan.
No es una idea triste. Es una forma de cuidar a los tuyos más allá de lo previsible. Si te interesa, en una carta para tus hijos para cuando tú ya no estés te contamos cómo hacerlo con calma.
En Último Latido puedes escribir esas palabras, grabar tu voz o preparar un álbum y decidir cuándo llega cada cosa: hoy, en una fecha concreta o cuando ya no estés.
Preguntas frecuentes
¿Cuáles son los cinco arrepentimientos antes de morir?
Según Bronnie Ware: no haber vivido como uno quería, haber trabajado demasiado, no haber expresado los sentimientos, haber perdido el contacto con los amigos y no haberse permitido ser más feliz.
¿Quién es Bronnie Ware?
Una cuidadora australiana que acompañó durante años a personas en sus últimas semanas. Recogió lo que le contaban en un blog en 2009 y después en un libro. Es un testimonio personal, no un estudio científico.
¿Es verdad que nos arrepentimos más de lo que no hicimos?
La investigación de Gilovich y Medvec sugiere que sí, sobre todo a largo plazo: con los años, las oportunidades perdidas pesan más que los errores cometidos.
¿Qué puedo hacer hoy para no arrepentirme mañana?
Gestos pequeños: decir gracias por algo concreto, pedir perdón si hay algo pendiente, llamar a quien echas de menos, decir te quiero al despedirte y dejar por escrito lo que importa.